Sus ojos azules, su sonrisa pícara y sus abdominales trabajados fueron su carta de presentación en Hollywood. Sin embargo, con el correr de los años, su talento y carisma lo ayudaron a desprenderse del papel de galancito para finalmente saltar a la fama por interpretar a Brian O’Conner, su emblemático personaje en la exitosa franquicia Rápidos y furiosos. Sin dudas, este carilindo era uno de los actores de mayor convocatoria y entre los más queridos de su generación cuando la tragedia dejó trunca su carrera y su vida. El 30 de noviembre de 2013, Paul Walker murió a los 40 años de edad, paradójicamente, en un accidente automovilístico.
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Recordado por su afición a las carreras de autos y a la velocidad, las condiciones en que este actor perdió su vida shockeó al mundo entero. Walker iba en el asiento del acompañante de un Porsche rojo cuando el vehículo chocó contra un poste de luz y un árbol y se incendió. Hoy, 7 años después de este fatídico desenlace, el recuerdo de este actor sigue presente tanto dentro como fuera de la pantalla.
De biólogo marino a actor de Hollywood

Paul William Walker IV nació el 12 de septiembre de 1973 en Glendale, California, aunque se crió en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. Hijo de una modelo y un boxeador profesional dos veces campeón de los Guantes de Oro, ya desde pequeño participó en algunos anuncios publicitarios, abriéndose camino en el mundo del modelaje. Si bien esto no era lo que más le gustaba, las campañas y las pasarelas le sirvieron para pagar sus gastos en la universidad y, a su vez acercarse, al sueño de ser actor.
Su primera gran pasión (aunque no muy conocida) fue la biología marina, profesión de la cual se licenció y desarrolló en paralelo con su carrera artística. De hecho, se lo vio feliz cuando comandó la serie de National Geographic Channel, Expedition Great White, donde fue parte de la tripulación durante la captura y el etiquetado de siete grandes tiburones blancos en la costa de México.
Sus primeros pasos actorales fueron hacia finales de los 80 en la televisión y luego dio el paso a la pantalla grande, aunque recién comenzó a llamar la atención en películas para adolescentes como Ella es y Varsity Blues. Y si bien su nombre fue parte de filmes como Frecuencia mortal, Azul extremo y Rescate en la Antártida, su imagen casi siempre se asocia a un único personaje: el de Brian O’Conner en la exitosa saga Rápidos y Furiosos.

Fue así como el salto a la fama y el estrellato le llegó en 2001 con el cine de acción, donde la exitosa fórmula de rápidos carros deportivos y mujeres arrasó con todas las taquillas mundiales y se convirtió en una longeva franquicia. Además del reconocimiento internacional y de varios galardones, esta saga le permitió conocer a su gran amigo y coprotagonista, Vin Diesel, a quien consideraba un hermano. De hecho, en más de una oportunidad la madre de Walker se refirió al musculoso como “la otra mitad” de su hijo.
Cuando la realidad supera la ficción

30 de noviembre, 3:30, Santa Clarita, California. Un Porsche Carrera GT rojo se despista en una curva y colisiona contra un poste de luz y un árbol, incendiándose a los pocos minutos. Sin dudas, esta parece una típica escena de Rápidos y furiosos, donde los choques, las explosiones y la muerte están a la orden del día. Sin embargo, esta vez la realidad superó a la ficción y el actor -al que tantas veces habíamos visto chocar y volar por el aire- perdía su vida en este fatídico accidente.
Según se supo, en el momento de la coalición Walker volvía de un evento de caridad a favor de las víctimas del tifón Haiyan con su amigo y socio Roger Rodas, quien manejaba el auto en ese momento. Según el informe del médico forense, la dupla murió en el acto debido a múltiples heridas. Si bien se descartaron problemas técnicos en el automóvil o desperfectos en la ruta que pudieran provocar el accidente, había indicios de alcohol y otras drogas en el vehículo.
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