Un dicho que se ha convertido en regla de oro para muchas personas en las relaciones con los superiores es “el jefe siempre tiene razón”. No es verdad.
Creo que en las escuelas de negocios debemos explicar a nuestros estudiantes que la deontología profesional, la mejor práctica y el deber fiduciario del directivo, en nombre de sus accionistas, es el de servirse de su mejor juicio para exponer cuál es la decisión adecuada ante un dilema empresarial, incluso a costa de contradecir a nuestro jefe.
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Siempre que alguno de mis amigos o alumnos me han preguntado sobre cómo actuar en casos parecidos les he hecho la misma recomendación: “Manifiesta el mayor respeto hacia tu jefe, pero di lo que verdaderamente piensas, exponiendo las razones que justifican tu opinión: es por lo que te pagan”.
Formulada esta recomendación, que considero el comportamiento correcto, he de decir que entiendo la actitud acomodaticia de muchos ejecutivos que optan por no cuestionar las decisiones de sus jefes, aunque sepan que están equivocados.
Es comprensible que la mayoría de las personas no arriesguen su seguridad laboral o sus expectativas profesionales por contradecir a sus jefes. “Allá ellos”, es lo que piensan, “yo no me mojo”. Y sin embargo, aún entendiendo esta actitud cómoda, también replico a los que eso me cuentan que los verdaderos líderes se definen en estas circunstancias, manifestando lo que piensan, aunque entrañe cierto riesgo.
Los buenos jefes siempre apreciarán el juicio crítico
Los buenos jefes siempre apreciarán el juicio crítico, respetuoso y constructivo de sus subordinados. Y si no lo respetan, quizás no estamos ante un jefe bueno y competente para el que valga la pena trabajar.
Los primeros beneficiados de que exista un pensamiento crítico constructivo en las empresas son los jefes. La autocomplacencia y la resistencia a replantear ideas, procesos y actividades es el comienzo de una decadencia progresiva y el deterioro del desempeño empresarial, que puede dar al traste con la empresa.
Es normal que a cualquier jefe le guste suscitar el apoyo a sus propuestas, especialmente por parte de sus subordinados, y normalmente la crítica o la oposición genera una cierta indisposición. No obstante, es conveniente cultivar ese sano y deportivo instinto de escuchar y valorar la crítica. Siempre será una buena oportunidad para innovar y mejorar las prácticas de la empresa. Lógicamente, el debate no debe implicar la inacción o la demora en la toma de decisiones. Aquí es necesario mantener un balance entre discusión y velocidad en la implementación de decisiones.
Fomentar el espíritu crítico en la alta dirección de las empresas, un debate constructivo que impulse la innovación y la mejora de las prácticas es algo que se traducirá en mejores resultados para la empresa. Helen Lee Bouygues, presidenta de Reeboot Foundation, recomienda tres vías de actuación para impulsar esta capacidad en las organizaciones.
Lógicamente, en este ejercicio hay que evitar “tirar al niño por el desagüe junto con el agua sucia”. Hay suposiciones que forman parte del acervo de conocimiento de la empresa, se han construido con la experiencia y son reglas valiosas que es conveniente seguir. En todo caso, aunque se respeten estas suposiciones históricas, puede ser oportuno revisarlas de vez en cuando. Los tiempos cambian, y algunos sectores experimentan la entrada de empresas disruptivas que transforman dramáticamente las reglas del juego
Con información El Nacional
