Alrededor de 130 jefes de Estado y de Gobierno se reúnen este martes 22 de septiembre para dar inicio al debate general de la Asamblea General de la ONU. En esta edición, los conflictos armados tradicionales se cruzan con nuevos desafíos globales como el acelerado desarrollo de la inteligencia artificial, el impacto del cambio climático y la presión inflacionaria internacional.
Entre los temas centrales de la cita anual de alto nivel destacan las guerras en Gaza, Ucrania, Sudán, República Democrática del Congo y Myanmar, además de las crecientes tensiones con Irán. Los mandatarios evaluarán la capacidad real de los gobiernos para mediar en su resolución.
A la par de la agenda bélica, los líderes abordarán los efectos del calentamiento global, las crecientes desigualdades socioeconómicas y el impacto en la economía mundial del bloqueo de rutas marítimas y las interrupciones en las cadenas de suministro.
El vertiginoso avance de la inteligencia artificial también ocupa un lugar prioritario en las preocupaciones internacionales. El debate actual ya no solo gira en torno a sus beneficios tecnológicos, sino a sus riesgos inherentes y a la urgente necesidad de establecer regulaciones de alcance global. La IA será objeto de debate específico este miércoles por la tarde en el Consejo de Seguridad, sesión en la que también participará el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para abordar la invasión rusa.
Advertencias y posturas sobre la Inteligencia Artificial
Previo al inicio de la Asamblea General, los directivos de tres de las principales compañías de inteligencia artificial advirtieron sobre el peligro de que esta tecnología escape al control humano y solicitaron una pausa en su desarrollo. Por el contrario, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desestimó estas advertencias calificándolas de «un engaño» y defendió la continuidad de las investigaciones para asegurar que su país mantenga la hegemonía tecnológica frente a China.
Protagonistas, intervenciones y ausencias clave
Trump será una de las figuras centrales de la jornada del martes, interviniendo justo después del discurso inaugural del secretario general de la ONU, António Guterres. Durante ese mismo día también hablará el presidente francés, Emmanuel Macron, mientras que el miércoles será el turno del mandatario iraní, Masud Pezeshkian, y del propio Zelenski.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, intervendrá el jueves. El presidente palestino, Mahmoud Abbas, no asistirá presencialmente por segundo año consecutivo debido a la negativa de Estados Unidos de otorgarle el visado, aunque participará mediante videoconferencia esa misma jornada.
La cumbre también estará marcada por ausencias de peso. El líder chino, Xi Jinping, no viajará a Nueva York y enviará en su lugar a su vicepresidente, aunque mantendrá una reunión con Trump el miércoles en Washington. Tampoco participarán el presidente ruso, Vladímir Putin, ni el primer ministro indio, Narendra Modi, quien canceló su asistencia a última hora.
Frente a este panorama, el embajador francés ante la ONU, Jérôme Bonnafont, instó a los líderes a respaldar a la organización como el foro multilateral por excelencia en un contexto de acentuada polarización: “Creemos en el multilateralismo y en que esta semana de alto nivel es la oportunidad para que las naciones reafirmen su apuesta por la cooperación y el diálogo frente a la confrontación”.
Una organización bajo constante presión financiera y política
Naciones Unidas atraviesa una coyuntura política y financiera sumamente delicada. En los últimos años, la organización ha perdido protagonismo en su misión fundacional de preservar la paz y la seguridad internacionales, viéndose relegada en la resolución de los principales conflictos en Oriente Medio y Ucrania. A esto se le suma una severa liquidez provocada por los atrasos en los pagos de las cuotas de sus Estados miembros, especialmente de Estados Unidos.
Richard Gowan, director del programa de asuntos e instituciones globales del International Crisis Group, recordó que los últimos 12 meses fueron especialmente complejos, marcados por recortes forzados en operaciones de mantenimiento de la paz y asistencia humanitaria. Se temía incluso que Washington anunciara su salida formal del organismo, escenario que finalmente se descartó.
Recientemente, Estados Unidos desembolsó 725 millones de dólares correspondientes a sus obligaciones con el presupuesto ordinario. Este pago evitó que la administración Trump perdiera su derecho a voto en la Asamblea General y envió una señal de continuidad institucional.
Según Gowan, aunque la ONU ya no se encuentra en «caída libre», permanece atrapada en una «crisis permanente»: “Puede que la ONU ya no esté en la sala de urgencias como el año pasado, pero parece destinada a permanecer en el centro de traumatología en el futuro predecible”.
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