La celebración del Domingo de Ramos es la puerta de entrada a la Pascua en la que se conmemora el misterio central de la fe cristiana como lo es la pasión, muerte y resurrección de Jesús
El Domingo de Ramos, mismo en que empieza la semana pascual, se celebraba ya en Jerusalén a finales del siglo IV recordando la entrada triunfal de Jesús en la ciudad santa, rehaciendo el recorrido seguido por el Señor y sus discípulos.
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“Es una celebración anticipada del misterio de la realeza de Jesús que se concreta en la pasión, por eso el Domingo De Ramos se lee la pasión de Jesús según el evangelista al que corresponda el año litúrgico que este año es Lucas”, dijo a Noticia al Día el obispo de San Felipe y Administrador Apostólico de Barquisimeto Monseñor Víctor Hugo Basabe.

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El Domingo de Ramos siglos atrás
Todo el pueblo se reunía a media tarde alrededor del obispo en el Monte de los Olivos en la basílica del Eleona, luego se subía al Inbomon. Hacia las cinco de la tarde se leía el relato evangélico y se bajaba a la colina para entrar en la ciudad. La procesión terminada en la Anastasis, donde tenía lugar el lucernario. De Jerusalén la procesión se propagó por todo el oriente donde el domingo de inauguración de la Semana Santa se convirtió en el Domingo de Ramos, de allí paso a Roma y de Roma a todo el orbe cristiano de occidente.
“El significado sigue siendo el mismo desde que se inició esta celebración. La Semana Santa lo que hace es actualizar para el hombre de hoy los misterios de la Pasión de Jesús realizados en el pasado pero que tienen un alcance universal y eterno”.
La procesión de los ramos desde que fue adoptada por las diversas iglesias de oriente adquirió un carácter triunfal. Era una verdadera fiesta de Cristo Rey. A partir de los siglos X y XI, ordinarios de catedrales y consuetas de monasterios le dedicaron un lugar preferente en sus descripciones del año litúrgico. El pueblo se reunía fuera de los muros de la ciudad para la bendición de los ramos.
Antes de 1955 la bendición de los ramos tenía lugar en el interior de la iglesia durante una liturgia de la Palabra, que incluía dos lecturas, una de ellas el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén y nueve oraciones, con un prefacio coronado por el Sanctus. Únicamente el clero salía de la iglesia para la procesión, mientras el pueblo esperaba su retorno.

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En la actualidad
Luego el Ordo de 1955 prescribió que el pueblo participase en la procesión y que esta se desarrollase con cierta amplitud y bendecir los ramos fuera de la iglesia para recuperar su carácter primitivo.
“Este año retomamos en todas las iglesias del país la normalidad en la celebración de Semana Santa con las misas, procesiones, actos de piedad propios. Sólo estamos pidiendo a la gente que sea responsable y que tome en cuenta las medidas de bioseguridad necesarias para preservar la salud y la vida ante la presencia del COVID-19”, finalizó Basabe.
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