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Informe revela que Cuba y Colombia lideran el reclutamiento ruso en América Latina

La invasión de Rusia en Ucrania cursa ya su quinto año y sigue sin visos de tener fin. El desgaste de los ejércitos en ambos lados de la frontera ha elevado la dependencia de ambos países del reclutamiento de miles de extranjeros, que son enviados principalmente a operaciones de alto riesgo en el frente de guerra.

Varios gobiernos han alertado de esta práctica y han instado a los suyos a no caer en las jugosas ofertas que son, en muchas ocasiones, engañosas.

Un nuevo informe publicado este miércoles, realizado por la Federación Internacional de los Derechos Humanos (FIDH) y otras dos organizaciones, analiza el reclutamiento de forasteros en Rusia y documenta la campaña de Moscú para impulsar la contratación de poblaciones vulnerables a través de estrategias con trampa.

Por El País

De acuerdo con la inteligencia ucrania citada en el estudio, 18.000 extranjeros combaten en las filas rusas. El ejército de Moscú incrementó estos reclutamientos en el exterior en un 30% entre el pasado septiembre y febrero, lo que pone en evidencia una táctica para “diversificar y ampliar su reserva de combatientes disponibles” con ciudadanos de múltiples países.

Tras captar a ciudadanos de importantes zonas de influencia como Asia Central o África, el Kremlin ahora también tocó las puertas de América Latina en su guerra contra Ucrania. Cuba y Colombia son los principales focos de reclutamiento de la región, a los que se suman algunos casos aislados de Argentina y Brasil.

El uso de voluntarios extranjeros en esta guerra no es nuevo. Desde marzo de 2022, pocas semanas después de la invasión lanzada por Vladímir Putin, ambos ejércitos dieron su visto bueno a incorporar en sus filas a combatientes de otros países.

Ucrania creó la Legión Internacional y Rusia lanzó una gran campaña para facilitar el ingreso de extranjeros en sus filas: aceleraba el proceso de visas y simplificaba el trámite para obtener la ciudadanía rusa a todos aquellos que firmasen un contrato de al menos un año con las fuerzas armadas.

Además de estas ventajas administrativas, lo que más atrajo a los voluntarios fueron los sueldos: los pagos oscilan desde los 3.000 euros mensuales hasta desembolsos únicos de hasta 30.000.

Con estos beneficios, la cifra de reclutas forasteros no ha hecho más que aumentar. De Latinoamérica, el país del que más hombres han sido reclutados es Cuba. La inteligencia militar de Kiev cifra en 20.000 los ciudadanos de esta isla que han sido contratados por el ejército ruso.

Según la misma fuente, el promedio de supervivencia de estos reclutas es de apenas 150 días tras su despliegue en el campo de batalla. El informe cifra en 3.388 los extranjeros que han fallecido en combate, un dato que ofrece la inteligencia de Kiev, pero que es imposible de verificar de manera independiente.

“La información sugiere que hasta uno de cada cinco combatientes extranjeros muere luchando y que casi la mitad de estas muertes se producen durante los primeros cuatro meses de despliegue en el campo de batalla”, sostiene la investigación. Esto ocurre porque a muchos se les asignan puestos en unidades de asalto de alto riesgo sin la preparación adecuada en los denominados “ataques de carne de cañón”.

Un prisionero de guerra cubano entrevistado por la organización Truth Hounds —que investiga crímenes cometidos en Ucrania— asegura que su principal motivación para pelear con Rusia fue salir de su país. “En Cuba, el dinero y la vida son una mierda. Hay miles de cubanos en primera línea, yo los vi”, afirma. El hombre señala haber sido reclutado a través de Facebook para un trabajo civil para el que solo se necesitaba hacer un formulario digital. El pago prometido se elevaba a los 1.700 euros. Al llegar a Rusia, supo que se trataba de una estafa.

Estas mismas redes operan con fuerza en Colombia, país que, tras décadas de conflicto interno, es uno de los mayores exportadores de mercenarios en el mundo. Empresas usualmente constituidas por exmilitares de alto rango son las que intermedian en el reclutamiento hacia muchos países, incluidos Rusia, Ucrania, México o Sudán.

Una investigación realizada por el diario local El Espectador nombra a una firma llamada Global Qowa Al Basheria, creada por dos hermanos de apellido Batte, ambos coroneles en retiro del ejército colombiano. Los dos fueron sancionados este mes por el Tesoro de Estados Unidos por enviar a colombianos a combatir en la guerra civil de Sudán.

Aunque muchos entran en el negocio sabiendo que irán a la guerra, en la mayoría de ocasiones no prevén convertirse en carne de cañón. Un colombiano que actualmente lucha en las filas rusas le cuenta a EL PAÍS que se enlistó a través de una cuenta de TikTok, siguiendo a un amigo que había hecho lo mismo y al que le prometieron un sueldo de 3.000 euros mensuales. Ninguno contemplaba que se iban a convertir en “carnada”.

“Los extranjeros son los primeros que mandan a la primera línea del frente. Al llegar nos dicen que nos entrenarán por tres meses, pero a los 15 días ya está uno en combate”, dice en una llamada de WhatsApp desde el hospital en el que se encuentra, recuperándose de las heridas provocadas por un ataque con dron.

Como no puede combatir, solo recibe unos 420 euros al mes. Pese a sus heridas en un brazo y en un riñón, el colombiano sostiene que “a nadie se le está dando la baja, ni por enfermedad”. “He visto a gente sin una pierna que lo mandan al frente”.

Jimena Reyes, directora de las Américas de la FIDH, indica que el informe, además de documentar las estrategias engañosas que usa el Kremlin para reclutar a extranjeros, también da cuenta de abusos físicos y psicológicos usados para el mismo fin. Es el caso de varios de los hombres de Asia Central que fueron entrevistados en la investigación. “Decirle a un migrante que lo van a detener o deportar si no firma un contrato es abuso. Pero esta práctica no se detiene en esta fase. Ya en las filas de combate, registramos que muchos son hasta torturados por supuestamente no poner el empeño que deben”, explica la experta en una conversación telefónica.

El informe recomienda a los Estados tomar medidas para frenar el reclutamiento. Por un lado, insta a los gobiernos a aprobar leyes que criminalicen el negocio, como hizo Colombia este año.

“Es una cuestión de voluntad política y de preocuparse por los más pobres, los más vulnerables, que son los que caen en estos esquemas”, expone Reyes. A su vez, pide no criminalizar a quienes caen víctimas de estas estrategias engañosas y que en un “nivel sistemático” son objeto de tráfico de personas.

El colombiano en Rusia que habló con este diario dice que estar allí es “un infierno”, pero señala que también teme ser criminalizado en su país, como ha ocurrido en algunas naciones africanas contra aquellos acusados de ser mercenarios. “Todos queremos salir de aquí, aunque por lo visto parece un objetivo imposible”.

Por El País

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