Luego de más de seis semanas de asfixia total por bloqueos y protestas, Bolivia comienza a ver una luz al final del túnel. Tras la entrada en vigor del estado de excepción decretado por el presidente Rodrigo Paz, las fuerzas policiales y militares lograron replegar las barricadas en los principales ejes viales, permitiendo el ingreso de los primeros camiones cisterna con combustible a las zonas más críticas.
El mapa de las protestas mostró un alivio inmediato este domingo: los puntos de bloqueo disminuyeron de 50 a 31, concentrándose los mayores operativos de despeje con maquinaria pesada en el tramo clave entre La Paz y Oruro. Con la liberación de los caminos del Altiplano, el diésel y la gasolina volvieron a circular hacia la capital boliviana y El Alto, ciudades que padecían un desabastecimiento crónico de productos esenciales.
El detonante: Combustible de baja calidad y crisis histórica
El estallido social responde a la crisis económica más grave que sufre Bolivia en cuatro décadas. El descontento popular se avivó en las últimas semanas tras denuncias por la distribución de combustible de baja calidad que terminó dañando los motores de miles de vehículos.
Las movilizaciones fueron impulsadas con fuerza por:
- Sectores campesinos e indígenas.
- Trabajadores mineros.
- Grupos civiles vinculados al expresidente Evo Morales.
Aunque el Ejecutivo había pactado una tregua con la Central Obrera Boliviana, las bases radicales mantuvieron los bloqueos, lo que obligó al presidente Rodrigo Paz a prohibir las manifestaciones de forma drástica para blindar el abastecimiento nacional.
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Respaldo político total al estado de excepción
La mano dura presidencial recibió un fuerte espaldarazo político en las últimas horas. El Congreso boliviano aprobó por más de dos tercios de los votos el decreto de estado de excepción, tras una maratónica sesión legislativa que arrancó la noche del sábado y concluyó en la madrugada del domingo. Con esta validación legal, las fuerzas del orden tienen la instrucción estricta de garantizar la libre circulación de mercancías y personas.
El trágico saldo de 40 días de caos
A pesar del inicio de la normalización, las secuelas de este conflicto social y económico son devastadoras para el país:
- Pérdidas humanas: Se registran al menos 16 personas fallecidas en el marco de las protestas, trece de ellas debido a la imposibilidad de recibir atención médica a tiempo por culpa de los cortes de ruta.
- Desabastecimiento al límite: Las principales urbes sufrieron semanas de escasez extrema de alimentos, gasolina y oxígeno medicinal.
- Impacto financiero: Las pérdidas económicas acumuladas ya se estiman en unos 3.000 millones de dólares.
Aunque los camiones ya avanzan por las carreteras, la calma sigue siendo frágil. Los sectores de oposición advierten que, si bien el libre tránsito se está recuperando por la fuerza pública, las raíces de la crisis económica y social de Bolivia continúan intactas y representan el mayor desafío para el gobierno actual.
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