Los desarrolladores de centros de datos han comenzado a promover nuevas tecnologías que reducen drásticamente el agua necesaria para enfriar servidores en regiones castigadas por la sequía, como Arizona. Sin embargo, estos avances in situ no resuelven la mayor parte del problema: el elevado consumo indirecto de agua derivado del desarrollo de la inteligencia artificial.
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A kilómetros de distancia de las instalaciones tecnológicas, las centrales eléctricas consumen volúmenes masivos de agua para generar la electricidad que requiere la IA, incluso cuando esta opera con los sistemas de refrigeración más eficientes.
Nuevas investigaciones confirman que este consumo indirecto crece a un ritmo acelerado:
- Estudio en Michigan: Investigadores de la Universidad de Michigan estimaron que el uso de agua fuera de las instalaciones incrementará en 14.000 millones de galones el consumo anual total de tres grandes centros de datos proyectados en el estado.
- El caso Meta: En Meta Platforms Inc., una de las pocas empresas que hace público este dato, el uso indirecto representó cerca del 96% de los 21.000 millones de galones (80.000 millones de litros) de agua consumidos en 2024, lo que supone un aumento de casi el 120% con respecto a 2021. El 4% restante correspondió a la operación directa en sus instalaciones.
“Se ha prestado mucha menos atención al uso indirecto del agua, a pesar de que suele ser significativamente mayor que el uso directo y genera un impacto directo en las cuencas hidrográficas y los recursos hídricos regionales”, señala Shaolei Ren, profesor de la Universidad de California en Riverside especializado en el consumo hídrico de centros de datos.
La paradoja energética: menor calor, mayor demanda eléctrica
Los centros de datos de IA con alta capacidad de procesamiento consumen hasta 10 veces más electricidad que las instalaciones convencionales. Para generar esa potencia, las plantas térmicas y nucleares requieren inmensas cantidades de agua para producir el vapor que impulsa sus turbinas.
Esta situación crea una paradoja técnica en zonas áridas como Phoenix, Arizona:
- Para reducir el uso de agua in situ durante temperaturas extremas (que superan los 42 °C), los desarrolladores recurren a sistemas de refrigeración por aire.
- Sin embargo, un estudio de 2025 reveló que los sistemas enfriados por aire exigen más electricidad, lo que provoca que el consumo indirecto de agua en las centrales eléctricas sea más de 2,5 veces mayor que el de las enfriadoras por agua tradicionales.
Tensión social y falta de estándares en la industria
El rápido crecimiento de esta infraestructura ya enfrenta resistencia social y regulatoria. Según la firma Data Center Watch, entre abril y junio de este año al menos 45 proyectos valorados en casi US$68.000 millones fueron bloqueados o retrasados en Estados Unidos debido a la preocupación por la presión sobre las tarifas eléctricas y el impacto ambiental local.
Actualmente, las estimaciones del consumo anual indirecto de agua de los centros de datos en EE. UU. oscilan entre los 211.000 millones de galones (estudio del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley) y los 4 billones de galones (análisis de la ONG Ceres). Esta última cifra equivale al suministro anual de casi 37 millones de hogares.
Parte de la discrepancia responde a la falta de normativas homogéneas:
- Amazon Web Services (AWS): Reporta una mejora del 52% en la eficiencia hídrica directa desde 2021 mediante sistemas de refrigeración eficientes. No obstante, Brandon Oyer, director de energía y agua de AWS, destaca: “Necesitamos un consenso en el sector si queremos informar colectivamente sobre el consumo indirecto de agua”.
- Google: Ha priorizado el suministro con energía eólica, solar y almacenamiento, argumentando que estos proyectos renovables reducen la huella hídrica indirecta casi a cero, por lo que actualmente no reporta métricas hídricas indirectas.
- Microsoft: Ha reducido en un 90% el consumo directo de agua por kilovatio-hora desde la década de 2000 y planea ahorrar 33 millones de galones anuales por centro de datos con refrigeración líquida, colaborando con empresas de servicios públicos para un suministro energético responsable.
Sin un estándar común ni una transición energética acelerada hacia fuentes que no requieran agua para la generación de potencia, el auge de la inteligencia artificial continuará ejerciendo una severa presión sobre las reservas hídricas en las regiones más vulnerables del planeta.
Con información Bloomberg
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