Una de las voces más autorizadas para comentar sobre la realidad en Venezuela es la del exgobernador de Caracas y expresidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU), Diego Arria, cuyo tránsito por la vida pública lo convirtió en una personalidad con quien se pueden consultar muchas de las circunstancias que rodean al régimen de Nicolás Maduro y el pueblo venezolano, reseñó El Diario de las Américas.
En una de una videollamada que reproducimos en esta plataforma para conocer el pensamiento de este economista y politólogo sobre qué puede esperarle a la cúpula de Maduro, a raíz de la pandemia del coronavirus, y cuál es el camino que deben recorrer tanto la dirigencia política como los venezolanos en general para lograr el retorno de ese país a la democracia.
Si algo preocupa a Arria es que a pesar de tantas situaciones adversas, como los probados nexos de Nicolás Maduro con el narcotráfico y el negocio ilegal de oro, en la zona del Arco Minero, además de la crisis que vive el país por la falta de agua, luz y gasolina, entre otras necesidades, la dictadura en Venezuela se mantiene en pie, con alguien “desplomado y sin recursos”.
Pero también existen un par de factores que remarca el exembajador de Venezuela ante la ONU: “Queremos dar la imagen de que tenemos un Gobierno”, que es “solo una cosa formal, institucional”, y el mundo “quiere que respondamos de una forma convencional, (…) desarmados” frente a una “narcotiranía criminal”.
¿Qué avizora para Venezuela?
En medio de tanta oscuridad es difícil ver la luz. Me preguntan si veo la luz al final del túnel, y digo que sí, el problema es que no sé la longitud de ese túnel.
En cualquier otro país con tanta acumulación de circunstancias, oprimido por una narcotiranía militarizada, terrorista; contrabandista de oro, de drogas, de gasolina; con una cúpula militar podrida, con un pueblo muriendo de hambre, sin medicinas, hasta sin gasolina debería ser más que suficiente para que se agitara un movimiento interno suficientemente importante como para desalojar al régimen. Pero qué estamos dispuestos a hacer los venezolanos para salir de una situación como esta.
Me aterra imaginar que saldremos de esta pandemia y seguiremos con ese cuadro terrible en Venezuela porque los venezolanos no somos capaces ni de encontrar el camino, ni estimular a otros y encontrar un respaldo concreto que vaya más allá de decirnos que tantos países nos respaldan.
Estoy leyendo un libro en donde se analiza cómo fue el comportamiento de la comunidad internacional en el caso de Bosnia y uno encuentra 500 declaraciones de la ONU diciendo que había que traer la paz, el diálogo, y después de cinco años, si no bombardean a Belgrado, todavía estarían matando a musulmanes.
A nosotros nos pasa algo parecido. Nos dicen que vamos a un proceso de elección, pero esto no va a resolver el problema de Venezuela; la solución es la refundación del país y para eso se requiere desalojar al régimen y sustituir a la cúpula militar podrida; una limpieza total. ¿Cómo se hace eso? Tumbando al régimen.
Precisamente, ¿cómo se tumba al régimen?
Una debilidad muy peligrosa a lo largo de estos años es una excesiva cohabitación de gran parte de la dirigencia política, pero hoy querer dar la imagen de que somos un gobierno, cuando en realidad no tenemos el poder para ser gobierno, transmite una idea falsa a la población. Pero, por otra parte, una mala imagen porque evidentemente no tiene los recursos para satisfacer las necesidades de la gente.
No se trata solo de darles 100 dólares a quienes trabajan en el campo de la salud; tenemos que atender a los militares que les dijimos que se fueran a Colombia y allá se están muriendo de hambre en la frontera.
Hay que decirle al país que no tenemos el Gobierno, que esto es una cosa formal, institucional. De hecho, hay países que nos reconocen, pero el embajador nuestro no ejerce como embajador en el caso de España, Francia y muchos otros países.
Yo creo que es el momento, para mí, de que la dirigencia política debería estar conversando y haciendo reflexionar a los venezolanos para saber qué precio están dispuestos a pagar por su libertad.
Hay muchos jóvenes que ocupan posiciones muy importantes que, como solo vivieron la gran parte de su vida bajo una tiranía, no conocieron la libertad, no conocieron un sistema democrático. Entonces, no logran sentir la misma pasión que yo siento por rescatar la libertad y la democracia que yo viví.
Visítanos en Twitter e Instagram
