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El papa Francisco pidió en el G7 prohibir las “armas autónomas letales”

El papa Francisco advirtió el viernes contra el uso militar de la inteligencia artificial (IA) y pidió la prohibición de las llamadas armas autónomas letales, durante un discurso en la cumbre del G7, que se celebra en el sur de Italia.

El papa, primer pontífice en participar en una cumbre de líderes del G7, las siete mayores economías del mundo, se reunió con el presidente ucraniano, Volodomir Zelensky, en uno de los 10 encuentros bilaterales del papa en su intensa jornada la reunión de Italia.

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«La política hace falta» para dar respuestas a la IA, sentenció el pontífice al participar este viernes de la reunión del G7 en Bari, en el sur de Italia, en un discurso con profundos tecnicismos del que leyó solo un parte y luego entregó una versión más larga a los participantes. En su discurso, el Papa recordó que la herramienta se utiliza desde «la medicina al mundo del trabajo, de la educación a la política. Su uso nos influenciará cada vez más, hasta la forma en la que concebimos nuestra identidad de seres humanos».

«Mi reflexión sobre los efectos de la inteligencia artificial en el futuro de la humanidad nos lleva así a la consideración de la importancia de la ‘sana política’ para mirar con esperanza y confianza nuestro futuro», desarrolló Jorge Bergoglio reunido en el complejo de Borgo Egnazia, donde mantiene encuentros bilaterales durante todo el día con los principales referentes que asisten al encuentro, como el estadounidense Joe Biden y el indio Narendra Modi. 

En su discurso, el Papa pidió que no se oculte «el riesgo concreto, porque es inherente a sunmecanismo fundamental, de que la inteligencia artificial limite la visión del mundo a realidades que pueden expresarse en números y encerradas en categorías preestablecidas, eliminando la aportación de otras formas de verdad e imponiendo modelos antropológicos, socioeconómicos y culturales uniformes». 

Paradigma tecnocrático

Así, según el pontífice, «el paradigma tecnológico encarnado por la inteligencia artificial corre el riesgo de dar paso a un paradigma mucho más peligroso, que ya he identificado con el nombre de paradigma tecnocrático”. 

Francisco, con su discurso

«No podemos permitir que una herramienta tan poderosa e indispensable como la inteligencia artificial refuerce tal paradigma, sino que más bien debemos hacer de la inteligencia artificial un baluarte precisamente contra su expansión», siguió luego. «Condenaríamos a la humanidad a un futuro sin esperanza si le quitáramos a la gente la capacidad de decidir sobre sí mismos y sus vidas, condenándolos a depender de las elecciones de las máquinas», explicitó. 

El discurso del Papa se enmarcó, de todos modos, en un contexto en el cual según el pontífice no se puede dudar «de que la llegada de la inteligencia artificial representa una auténtica revolución cognitiva-industrial, que contribuirá a la creación de un nuevo sistema social caracterizado por complejas transformaciones de época». 

El Papa, con Biden

Al destacar algunos usos positivos de la IA, en ese marco, el papa ejemplificó que «la inteligencia artificial podría permitir una democratización del acceso al saber, el progreso exponencial de la investigación científica, la posibilidad de delegar a las máquinas los trabajos desgastantes; pero, al mismo tiempo, podría traer consigo una mayor inequidad entre naciones avanzadas y naciones en vías de desarrollo, entre clases sociales dominantes y clases sociales oprimidas, poniendo así en peligro la posibilidad de una ‘cultura del encuentro’ y favoreciendo una ‘cultura del descarte’”.

Aplausos al Papa
Aplausos al Papa

Así, siguiendo lo establecido ya en otros discursos pronunciados en Roma, Francisco sostuvo que «es precisamente este poderoso avance tecnológico el que hace de la inteligencia artificial un instrumento fascinante y tremendo al mismo tiempo, y exige una reflexión a la altura de la situación».

«En esa dirección tal vez se podría partir de la constatación de que la inteligencia artificial es sobre todo un instrumento. Y resulta espontáneo afirmar que los beneficios o los daños que esta conlleve dependerán de su uso», propuso.

«Ninguna máquina debería elegir jamás poner fin a la vida de un ser humano»

Inteligencia artificial y conflictos armados

Dentro de los riesgos que ve por los usos de la IA, Francisco reiteró una vez más que «en un drama como el de los conflictos armados, es urgente replantearse el desarrollo y la utilización de dispositivos como las llamadas ‘armas autónomas letales’ para prohibir su uso, empezando desde ya por un compromiso efectivo y concreto para introducir un control humano cada vez mayor y significativo». 

«Ninguna máquina debería elegir jamás poner fin a la vida de un ser humano», sentenció.

Por otro lado, ya en un plano mucho más técnico, el Papa quiso señalar «un último ámbito en el que emerge claramente la complejidad del mecanismo de la llamada inteligencia artificial generativa (Generative Artificial Inteligence)».

En esa línea, reconoció la sorpresa «por las aplicaciones fácilmente accesibles en línea para componer un texto o producir una imagen sobre cualquier tema o materia» que atraen «de forma especial a los estudiantes que, cuando deben preparar los trabajos, hacen un uso desmedido».

«Estos alumnos, que a menudo están mucho más preparados y acostumbrados al uso de la inteligencia artificial que sus profesores, olvidan, sin embargo, que la denominada inteligencia artificial generativa, en sentido estricto, no es propiamente ‘generativa’”, explicó con amplio conocimiento. 

Así, de acuerdo al pontífice, «en realidad, lo que esta hace es buscar información en los macrodatos (big data) y confeccionarla en el estilo que se le ha pedido. No desarrolla conceptos o análisis nuevos. Repite lo que encuentra, dándole una forma atractiva. Y cuanto más repetida encuentra una noción o una hipótesis, más la considera legítima y válida». 

Tras esta explicación, Francisco planteó que «más que ‘generativa’, se la podría llamar ‘reforzadora’, en el sentido de que reordena los contenidos existentes, contribuyendo a consolidarlos, muchas veces sin controlar si tienen errores o prejuicios».

Con este «uso desmedido», según Francisco, «no sólo se corre el riesgo de legitimar la difusión de noticias falsas y robustecer la ventaja de una cultura dominante, sino de minar también el proceso educativo en ciernes», poniendo a la educación en riesgo «de reducirse a una repetición de nociones, que se considerarán cada vez más incontestables, simplemente a causa de ser continuamente presentadas».

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