El parásito de la malaria es capaz de defenderse de condiciones adversas en el huésped, incluyendo la fiebre, gracias a un gen llamado PfAP2-HS que lo protege frente a temperaturas altas y otras circunstancias.
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Así lo ha demostrado una investigación liderada por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación «la Caixa», y publicada en la revista «Nature Microbiology», que resuelve una pregunta pendiente sobre la manera en que el parásito de la malaria responde a cambios en su ambiente, según ha indicado este lunes el centro en un comunicado.
Anualmente mueren más de 400.000 personas de malaria. La mayoría de ellas son niños que no han cumplido aún los cinco años. Esta enfermedad tropical es una de las principales causas de mortalidad infantil en África. Allí, cada dos minutos muere un niño por esa enfermedad, que produce dolores de cabeza y de extremidades, fiebre y escalofríos, así como cólicos y dolores gastrointestinales.
El parásito plasmodium usa como vector al mosquito anófeles. Sus larvas se desarrollan en aguas estancadas, como charcos y agua en recipientes caseros. Las hembras se alimentan de la sangre que absorben al picar a sus víctimas. Si pican a una persona infectada de malaria, pueden propagar la enfermedad como vectores. Es decir, que una picadura puede conducir a la muerte.
Una vacuna contra la malaria podría salvar muchas vidas. Actualmente hay cerca de 70 candidatos vacunales contra la malaria, pero ninguno de ellos brinda todavía un cien por ciento de seguridad. Sin embargo, algunas fueron aplicadas ya con éxito por los investigadores
Con información EFE
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