A las 6:04 de la tarde del pasado 24 de junio, la historia de Venezuela dio un giro irreversible. Un doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudió al país, dejando a su paso una estela de desolación, incertidumbre, miles de desplazados y familias enteras que no solo perdieron sus hogares, sino también a sus seres queridos.
Exactamente un mes después de la tragedia que enlutó a la nación, el tiempo volvió a detenerse. Vecinos, sobrevivientes que aún buscan entre los escombros, rescatistas internacionales, personal médico y cuerpos de seguridad nacional se unieron en un emotivo minuto de silencio en memoria de los caídos en La Guaira.
Las cifras reflejan la magnitud del desastre: más de 5.400 personas perdieron la vida, 16.740 resultaron heridas y 6.462 lograron ser rescatadas con vida gracias al despliegue de los equipos de salvamento.
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Al caer la tarde en la «zona cero» —ubicada en Caraballeda, estado La Guaira— la maquinaria pesada se apagó y la remoción de escombros cesó por un instante para dar paso al homenaje. Un duelo al que se sumaron simultáneamente diversas regiones del país, unidas en oración por el descanso eterno de las víctimas.
Venezuela aún intenta ponerse en pie tras esta catástrofe. El dolor por las pérdidas humanas sigue a flor de piel: padres, hijos, cónyuges, vecinos y amigos que no volverán. Palabras que parecieron ser un simple «hasta luego» hoy retumban con fuerza en el corazón de un país entero.

Frente a las ruinas de los edificios de la OPP, en Caraballeda, los habitantes levantaron un altar improvisado. Flores, velas encendidas, pertenencias rescatadas de la masa de concreto, juguetes y peluches se acumulan como símbolos de memoria y afecto.
Por unos minutos, el estruendo de las perforadoras y los golpes de martillo cedieron su lugar al murmullo de la fe. Con un rosario entre las manos, una mujer inició la plegaria: “Dale, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua”. A su rezo se unieron, en un solo eco, rescatistas de Protección Civil, bomberos, voluntarios y familiares sumidos en el abrazo y el llanto.
Fue solo un minuto de silencio, pero en él se sintetizó un mes entero de angustia, resistencia y profundo amor por las vidas que La Guaira no olvidará.
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