Un bolívar que ingresa al bolsillo del venezolano tiene una esperanza de vida máxima de 48 horas. Así lo revela el más reciente estudio de la encuestadora Datanálisis, titulado “Tendencias del consumidor venezolano 2026”, aplicado a más de 8.000 consumidores en todo el país.
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Durante la presentación del informe este 17 de septiembre en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), con la presencia del equipo de Radio Fe y Alegría Noticias, el presidente de la firma, Luis Vicente León, detalló que el bolívar se ha consolidado exclusivamente como una moneda de transacción inmediata, perdiendo por completo su función como reserva de valor.
“El bolívar es la moneda de compra, pero no de reserva. Es la moneda de transacción porque resulta más conveniente comprar en bolívares debido a la brecha cambiaria (…). Sin embargo, cuando quedan bolívares sobrantes, el consumidor busca de inmediato cambiarlos a dólares para proteger el patrimonio familiar”, precisó León.
Distribución del presupuesto: la subsistencia como prioridad
La estructura del gasto familiar refleja la presión de una economía de subsistencia. Durante su exposición, León explicó que el 41% del presupuesto se destina a la alimentación, mientras que la vivienda ocupa el segundo lugar con un 9,5%, asignado estrictamente a alquiler, limpieza y mantenimiento.
El tercer y cuarto rubro con mayor peso revelan una particularidad en el comportamiento del consumidor nacional: el cuidado personal y la salud. En un entorno de ingresos muy restringidos, el presidente de Datanálisis destacó que “los venezolanos prefieren sacrificar la marca de un alimento para buscar un mejor precio, antes que renunciar a su marca habitual de cuidado personal”.
Un perfil de consumo que se mantiene resiliente
A pesar de la drástica pérdida del poder adquisitivo, el estudio refleja un rasgo cultural y psicológico persistente: la inclinación al consumo.
Aunque los volúmenes de compra están lejos de los niveles registrados en las décadas de los 80 y 90, la población tiende a gastar de manera agresiva en proporción a lo que percibe. “Para su nivel de ingreso, el venezolano sigue siendo consumista. Compra para sí mismo y para satisfacer necesidades inmediatas. Ese rasgo es muy arraigado, mucho más que en otros países de Latinoamérica”, agregó el analista.
La educación en riesgo y la respuesta de Fe y Alegría
Cuando la mayor parte del ingreso familiar se agota en alimentos, vivienda y salud, áreas clave como la escolaridad quedan expuestas a un alto riesgo de deserción.
Ante la realidad expuesta en el IESA, el Movimiento de Educación Popular y Promoción Social Fe y Alegría participó en el encuentro como aliado estratégico para visibilizar la urgencia de proteger el sistema educativo. La institución contó con un estand promocional para impulsar su campaña “Beca a un Estudiante”, iniciativa orientada a recaudar fondos en beneficio de más de 1.000 alumnos y sus familias durante el presente año escolar.
El objetivo de la organización es construir un fondo de protección que detenga el abandono escolar, invitando al sector empresarial y a la sociedad civil a sumar aportes para evitar que las limitaciones económicas de los hogares terminen comprometiendo la educación de las futuras generaciones.
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