El portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, Tommy Pigott, afirmó este jueves que la transición política en Venezuela debe contemplar la celebración de elecciones, aunque precisó que Washington busca un proceso más amplio que una simple jornada comicial.
Durante una entrevista con C-SPAN 2, Pigott explicó que la estrategia estadounidense para Venezuela contempla tres fases: estabilidad, recuperación y transición. La última etapa, dijo, incluye la realización de elecciones.
“Esa transición incluye elecciones”, respondió el funcionario al ser consultado sobre si los comicios forman parte de la posición oficial del Departamento de Estado respecto al futuro político de Venezuela.
Pigott también destacó las conversaciones entre representantes de la Asamblea Nacional electa en 2015 y sectores del Gobierno interino, orientadas a avanzar hacia un proceso electoral. Sin embargo, sostuvo que el objetivo de Estados Unidos no se limita a convocar una votación.
“Para tener elecciones, se necesita una república duradera que pueda perdurar. No queremos ver solo una elección, queremos ver una república duradera”, afirmó.
Condiciones para comicios transparentes
El portavoz señaló que Venezuela necesita condiciones que permitan garantizar la transparencia electoral y la participación política. Entre ellas mencionó la capacidad de contar los votos de manera confiable, la posibilidad de que los partidos de oposición se organicen y la existencia de una prensa y medios de comunicación libres.
Estas garantías, según Pigott, son necesarias para que la competencia política se desarrolle con transparencia y para que la democracia pueda sostenerse más allá de una elección.
El Departamento de Estado ha respaldado un plan de tres etapas orientado a la estabilización, la recuperación económica, la reconciliación política y una transición hacia elecciones democráticas.
Acuerdo petrolero
Pigott también se refirió al acuerdo petrolero anunciado entre Estados Unidos y Venezuela, al que calificó como una situación de “ganar-ganar”. Sostuvo que los campos petroleros que, según Washington, estaban bajo control de Nicolás Maduro y sus aliados —entre ellos Irán, China y Rusia— pasarían a generar ingresos destinados directamente al pueblo venezolano.
El funcionario defendió la privatización de los campos petroleros como un mecanismo para aumentar la producción y ampliar las reservas de crudo disponibles para Estados Unidos. Según planteó, ello podría contribuir a mantener precios de gasolina más bajos en el mercado estadounidense, mientras los ingresos de la actividad petrolera beneficiarían a los venezolanos.
Pigott vinculó además estos recursos con el proceso de transición política al considerar que pueden ayudar a crear las condiciones para avanzar hacia un cambio democrático en el país.
“Cuando hablamos de una asociación a largo plazo con el pueblo venezolano, se trata también de crear las condiciones para avanzar hacia ese proceso”, sostuvo.
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