La mejor película de este año, el aciago 2020, se hará probablemente y con mejor perspectiva en un futuro cercano y más saludable, pero, entre que llega, se puede conformar una lista con la media docena de los títulos que mejor o más profunda huella dejan en él de cuantos se han estrenado.
Sin salir de lo personal, y por lo tanto discutible, en lo más alto podrían estar dos películas tan alejadas entre sí, tan contrarias en su narrativa, su intención y mirada que son prácticamente irreconciliables entre ellas: «Mank», de David Fincher, y «Beginning», de Dea Kulumbegashvili. La primera, una plática visual, técnica y ética con una de las cumbres del cine, «Ciudadano Kane», sobre el hombre que escribió su guion.
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La segunda, una parábola «ancha» y cargada de pretensión y exigencia sobre los males de nuestro mundo. Ambas se quedan en el pico de dos montañas altísimas y enfrentadas, la del cine clásico, eterno y mágico, y la del cine de lenguaje áspero, innovador e hipnótico. Ascender hasta una u otra depende más del gusto personal, del día que uno tenga y las ganas (paciencia, anhelos, propósitos…) que disponga para ponerse ante ellas.
El segundo puesto lo compartirían también otros dos títulos en cierto modo irreconciliables en su narrativa cinematográfica, «Richard Jewell», de Clint Eastwood, y «1917», de Sam Mendes. La maestría de Eastwood para honrar entre la caricatura y la épica a un héroe a ras de suelo, ingenuo y sospechoso, y el virtuosismo técnico de Sam Mendes para narrar de un trazo, sin levantar la punta del lápiz de su dibujo (el relato avanza sin corte de plano aparente) una hazaña bélica tensa, agotadora y con asombrosa precisión para capturar el miedo, los sentimientos, la crueldad y la humanidad.
Y el tercero, lo ocupan otras dos películas que se miran igualmente desde la lejanía, «El padre», de Florian Zeller, y «Tenet», de Christopher Nolan, la una tan minuciosa para sumirnos en el interior de la cabeza de un anciano y la distorsión espacio temporal que la senilidad edifica en sus horas y días, y la otra tan esquiva, brillante, inexplicable y «agujereada» que convierte una trama de espías futurista en una gozosa confusión y en un bocata de nocilla y palíndromos.
Con información ABC
