Frente a una multitud de 1,5 millones de peregrinos, el papa Francisco presidió el domingo la misa final de la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa, donde pidió a las nuevas generaciones que no tengan miedo e hizo un llamado por la paz.
Tanto en la vigilia del sábado como en la eucaristía del domingo, en este vasto recinto instalado junto al Tajo se congregaron 1,5 millones de personas, informó el Vaticano citando una estimación de las autoridades portuguesas.
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Los países con mayor representación fueron: España con 77.224 peregrinos. Italia con 59.469, Portugal con 43.742 y Francia con 42.482.
También asistieron 688 obispos del mundo entero, de los cuales 30 son cardenales, que quisieron estar presentes. De Italia llegaron 109, de España 70, de Francia 65, de los Estados Unidos de América 61 y de Portugal 36.
Los fieles, que alcanzaron el millón y medio de personas en la clausura de este fin de semana, han provocado largas colas en el Aeropuerto Humberto Delgado para volver a sus países de origen.
Lisboa vuelve a la normalidad
Lisboa recupera este lunes 7 de agosto su normalidad tras acoger durante una semana la visita del papa Francisco y de más de un millón de peregrinos por la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que ha congregado del 1 al 6 de agosto la mayor concentración católica tras la pandemia del coronavirus.
Apenas queda rastro de ellos en las calles de Lisboa, fácilmente reconocibles estos últimos días por sus camisetas, mochilas, banderas y cánticos.
Los transportes públicos, que sufrieron desvíos y cierres por seguridad en el centro de la ciudad, han vuelto a sus servicios habituales.
La organización ha comenzado a retirar los palcos y escenarios utilizados durante la JMJ, así como las pantallas y altavoces gigantes instalados para retransmitir las ceremonias.
Asimismo, se retiran los controles documentales en las fronteras portuguesas para entrar en el país que fueron repuestos el 22 de julio con motivo de la Jornada.
El Papa, que volvió este domingo a Roma, ha oficiado durante estos días varias ceremonias multitudinarias, se ha reunido con víctimas de abusos, representantes de otras religiones, jóvenes y enfermos, y se ha desplazado al santuario de Fátima.
Al cierre de la JMJ, las autoridades portuguesas han celebrado los niveles de participación en este macroevento católico.
«Es una cosa nunca vista en Portugal», una «locura», resumió este domingo el presidente luso, Marcelo Rebelo de Sousa, mientras que el primer ministro, António Costa, destacó el impacto «inmaterial» del evento,
Con información de EFE
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