Por años, el mundo ha conocido la lucha de las madres buscadoras de México. Mujeres que, ante la ausencia de respuestas del Estado, recorren desiertos, montañas y fosas clandestinas buscando a sus hijos desaparecidos. Armadas únicamente con fotografías, palas y una esperanza que desafía el tiempo.
Han convertido el dolor en una causa colectiva.
Hoy, una realidad distinta comienza a dibujar una imagen similar en Venezuela.
Se trata de madres que recorren cárceles, comandos policiales, tribunales, hospitales y morgues. Mujeres que pasan días enteros haciendo filas bajo el sol para obtener una fe de vida, una llamada telefónica o una respuesta sobre el paradero de sus hijos detenidos por motivos políticos.
En México, la pregunta es: «¿Dónde está mi hijo?». En Venezuela, la pregunta hoy es exactamente la misma.
Durante los últimos años, centenares de familias venezolanas han denunciado detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y falta de información sobre personas privadas de libertad por motivos políticos.
Muchas madres relatan que, tras la detención de sus hijos, pasaron semanas e incluso meses sin saber dónde estaban recluidos ni en qué condiciones se encontraban. Y aún peor, actualmente en Venezuela se encuentran madres que después de años de búsqueda siguen sin obtener respuestas de sus hijos, y sin saber si aún siguen con vida.
La imagen se ha vuelto recurrente: Mujeres mayores cargando carpetas llenas de documentos, fotografías plastificadas y cartas. Algunas duermen frente a los centros de reclusión esperando noticias. Otras viajan cientos de kilómetros para intentar ver a sus hijos durante unos pocos minutos.
Más de 50 desapariciones forzadas
Según el Comité por la Libertad de los Presos Políticos, integrado por defensores como Diego Casanova, se estima que en Venezuela hay unas 50 desapariciones forzadas de presos políticos, y que este tipo de casos es un patrón que se repite con frecuencia.
Casanova ha señalado que la desaparición forzada se ha convertido en una “política de Estado” y que muchas familias se niegan a denunciar por miedo a represalias.
En diciembre madres y familiares de presos políticos iniciaron una vigilia frente a los distintos recintos carcelarios como El Helicoide, Zona 7, El Rodeo, entre otros, exigiendo una “navidad sin presos políticos”
Esta protesta pacífica tuvo un mayor sentido cuando el 08 de enero de 2026 Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, anunció la liberación masiva de 800 detenidos por razones políticas. Sin embargo, este número de excarcelaciones no se cumplió, y hasta el día de hoy (142 días después) las madres y familiares se mantienen a las afueras de estos centros penitenciarios exigiendo la liberación de los privados de libertad.
Entre esas madres estaba Carmen Navas.

Durante más de un año buscó a su hijo, Víctor Hugo Quero Navas. Tocó puertas, hizo denuncias públicas y pidió información a organismos nacionales e internacionales. Según organizaciones defensoras de derechos humanos, pasó más de 16 meses intentando conocer su paradero en medio de denuncias de desaparición forzada.
Cuando finalmente llegaron respuestas, fue para conocer que su hijo había muerto bajo custodia del Estado. Su historia se convirtió en uno de los símbolos más dolorosos de la prisión política venezolana. Carmen Navas murió 9 días después de haberlo enterrado. Hoy madre e hijo reposan juntos en el cementerio del Este en Caracas.
Su caso no es aislado.
Diversas organizaciones han denunciado que al menos seis madres de presos políticos fallecieron entre finales de 2025 y los primeros meses de 2026 mientras esperaban información, justicia o la liberación de sus hijos. Algunas murieron sin volver a verlos en libertad, como sucedió con el caso de Carmen Navas, Yarelis Salas, María Concepción Sánchez y Carmen Dávila. Otras fallecieron pocos días después de sus excarcelaciones, como en el caso de Omaira Navas.
“Venezuela se encuentra en un proceso de excarcelación de presos políticos que será a su vez complementado con una nueva Ley de Amnistía, algo que en cualquier otro escenario se podría celebrar a plenitud. Sin embargo, en el país ha estado llevándose a cabo con tal opacidad que ha logrado la revictimización de presos políticos y sus familiares”, así lo asegura Martha Tineo, directora nacional y cofundadora de Justicia, Encuentro y Perdón, una ONG que ha hecho seguimiento constante a los presos políticos para asistirlos tanto a ellos como a sus familiares.
Mientras tanto, las denuncias sobre las condiciones carcelarias continúan acumulándose. Familiares y organizaciones de derechos humanos reportan hacinamiento, falta de atención médica, maltratos, torturas y dificultades para acceder a información sobre los reclusos.
En un país donde muchas familias denuncian que el silencio institucional se ha convertido en una forma de castigo, estas mujeres han transformado el amor materno en una forma de resistencia. No son dirigentes políticas, ni activistas profesionales, ni figuras públicas. Son madres.
Y como las madres buscadoras de México, hoy muchas madres venezolanas continúan recorriendo caminos que nunca imaginaron transitar, persiguiendo una respuesta que parece simple, pero que para muchas sigue siendo inalcanzable.
¿Dónde están sus hijos?
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