Un acalorado debate sobre la definición del concepto «alta costura» se desató en plataformas digitales tras la publicación de la diseñadora Rosa Zúñiga Camacho, quien celebró la exhibición de sus piezas en la tienda El Castillo bajo este calificativo.
La controversia escaló cuando una usuaria publicó un video cuestionando a Zúñiga. En su argumento, afirmó que la denominación es exclusiva de la moda francesa y que resulta un error técnico utilizarla fuera de ese contexto.
Rigor legal contra uso popular
El término alta costura (del francés haute couture) refiere a la confección de prendas exclusivas, hechas a mano y a la medida. Desde 1945, la denominación está protegida por la ley francesa y reservada de forma estricta para las firmas que cumplen los requisitos de la Fédération de la Haute Couture et de la Mode, tales como mantener talleres en París y cumplir con un número determinado de empleados.
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No obstante, en la práctica global el concepto suele aplicarse de forma más amplia para describir la indumentaria artesanal y la confección a la medida de excelencia, una tradición que se remonta al siglo XIX con el diseñador británico Charles Frederick Worth.
✨ Cuando el talento ajeno incomoda, aparece la envidia.
— freddyzur (@freddyzur) August 23, 2026
Qué curioso: en un país donde tantos sueñan con salir adelante, todavía hay quienes prefieren burlarse de una mujer que decidió apostar por su sueño y abrirse camino como diseñadora de moda.
Criticar desde el teclado es… pic.twitter.com/smdtRyYNgC
Respuesta y respaldo de la audiencia
Ante la ola de comentarios, Zúñiga Camacho publicó un mensaje para zanjar la disputa. La creativa defendió el valor técnico de su taller, precisando que cada una de sus piezas requiere entre uno y tres meses de bordado manual.
«No me voy a enfocar en eso. Me voy a enfocar en lo positivo, en darle gracias a Dios por tantas bendiciones […]. Trato de hacer las cosas lo mejor posible para estar a la altura del compromiso», declaró la diseñadora, haciendo un llamado a la unidad en las redes.
La reacción de la comunidad digital fue mayoritariamente de respaldo hacia la confeccionista. Múltiples usuarios señalaron que, más allá del marco legal parisino, es válido reconocer la calidad y dedicación del trabajo hecho a mano. El episodio dejó en evidencia la brecha entre la estricta regulación técnica de una denominación y su uso coloquial en la industria.
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