Muchas familias enfrentan una emergencia en La Guaira tras el doblete sísmico que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio, a pesar del paso del tiempo, la reconstrucción es lenta y precaria, este fue el panorama que observó el periodista Rodolfo Rodríguez durante un recorrido por Playa Grande.
En su recorrido constató que las máquinas trabajan entre los escombros que alguna vez fueron hogares, mientras que las estructuras que permanecen en pie comienzan a deteriorarse o desaparecer. Las viviendas provisionales están montadas en carpas improvisadas, donde los afectados intentan recolectar materiales que puedan servir para levantar refugios temporales.
Increpó que la ayuda ha disminuido considerablemente, pero las necesidades básicas y la vulnerabilidad de las familias afectadas continúan siendo altas, aún las personas tienen la esperanza de que todo mejore en el estado donde crecieron y muchos perdieron a sus familias tras los devastadores terremotos.
En un instante la vida cambió
Un residente del urbanismo Hugo Chávez relata cómo en un instante su vida cambió para siempre. Comentó que habitaba un apartamento en Suma, el cual quedó severamente dañado.
Actualmente, espera una respuesta oficial sobre la construcción de nuevas viviendas, aunque expresa incertidumbre sobre si efectivamente recibirán una solución habitacional adecuada. A pesar de la precariedad, insiste en no abandonar su tierra natal.
Otro testimonio refleja el desgaste emocional y físico que supone esta situación: «vivir en carpas a una edad avanzada, con falta de apoyo, sin acceso estable a servicios básicos, y enfrentando días y noches de estrés constante». La persona recalca la dureza de la vida posterior a la catástrofe, describiéndola como “horrible” y llena de riesgos.
Impacto emocional y dificultades cotidianas
En su video posteado en su cuenta de Instagram, el periodista subraya la continua tensión emocional y el estrés permanente que sufren los afectados.
Una de las sobrevivientes de la tercera edad contó que «El simple hecho de dormir en carpas con limitadas condiciones de seguridad, la constante preocupación por la estabilidad emocional y física, y las dificultades diarias como la falta de intimidad y la espera de ayuda oficial generan un desgaste profundo».
Tras conversar con las personas afectadas del doble terremoto que afectó a siete estados de Venezuela, en especial La Guaira, es evidente que el sismo no solo destruyó infraestructuras, sino que ha impuesto una crisis humanitaria donde la resiliencia y la esperanza son los pilares para quienes permanecen en la zona, aunque la sensación de abandono y la reducción de la ayuda oficial agravan la situación.
Este panorama revela la urgencia de robustecer la asistencia humanitaria y brindar soluciones habitacionales concretas para las familias afectadas en La Guaira.
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