La devastación provocada por los dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio mantiene al país en vilo. Mientras equipos internacionales de rescate trabajan a contrarreloj entre los escombros de la costa norte —la denominada «zona cero» de la catástrofe—, la comunidad científica y de ingeniería civil empieza a desglosar las razones de por qué el estado de La Guaira sufrió un colapso estructural tan severo.
Aunque el gobierno reporta de forma preliminar entre 800 y 900 edificaciones gravemente dañadas en el territorio nacional, la mayor concentración de destrucción se fijó en el litoral central. Feliciano de Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, advierte que «para que los edificios caigan puede haber más de 50 razones». Sin embargo, el análisis de los expertos coincide en tres factores determinantes.
1. El impacto directo de las ondas sísmicas («A quemarropa»)
A pesar de que los epicentros se localizaron en el estado Yaracuy, la extensa ruptura de la corteza terrestre desplazó las ondas con máxima violencia hacia la costa, donde se ubica la falla de San Sebastián (límite entre las placas Sudamericana y del Caribe).
Rafael Abreu, geofísico del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), explica el comportamiento del fenómeno: «El doble evento tuvo todas las características para ser un terremoto desastroso en cualquier lugar del mundo: alta magnitud, larga duración, poca profundidad y una ruptura con características que agravaron el fenómeno».
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Por su parte, el ingeniero civil José María de Viana, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), señala que el golpe principal ocurrió directamente frente a las playas de la región, basándose en los registros del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia: «Eso nos ayuda a entender por qué la devastación fue tan excepcional allí. El impacto fue a quemarropa (…) el deslizamiento de la tierra alcanzó un máximo de 3,6 metros en el lecho marino justo al norte de la ciudad de Catia La Mar».
2. El «efecto filtro» y las condiciones del suelo
La geología de La Guaira no es uniforme, lo que explica por qué el daño fue dispar entre sus ciudades. Mientras áreas de Catia La Mar poseen roca intermedia, sectores como Caraballeda se asientan sobre cuencas profundas de unos 400 metros de sedimentos.
Michael Schmitz, profesor de geofísica de la USB y la UCV, puntualiza que «el tipo de suelo más blando influyó en los derrumbes». Adicionalmente, el ingeniero De Viana describe cómo la morfología local jugó en contra: «Estos suelos formados por sedimentos actuaron como un filtro que amplificó brutalmente el movimiento del terreno».
A este escenario se le suma un factor histórico: los suelos inestables dejados por los deslaves de la tragedia de 1999 en el cerro El Ávila. Ruth Quereguán, investigadora de la Escuela de Geología, Minas y Geofísica de la UCV, quien inspeccionó la zona de Maiquetía y Catia La Mar, afirma: «Vi tanta o más devastación que en el deslave (…) En La Guaira hay muchos suelos parcialmente consolidados como consecuencia de deslaves. Esos dos eventos son dos fenómenos solapados».
3. La calidad de las construcciones y sospechas de negligencia
El tercer pilar de la tragedia apunta a la vulnerabilidad estructural. Tras la emergencia de 1999, muchas viviendas e infraestructuras fueron levantadas o modificadas rápidamente. Los expertos cuestionan si se respetaron las normativas sismo-resistentes implementadas formalmente en el país desde los años 70.
La investigadora Ruth Quereguán expone con claridad las dudas del sector técnico: «El problema es que no sabemos si fueron verificados los permisos de habitabilidad, de construcción o el tipo de materiales… ¿Se cumplió la norma que tenemos después del terremoto de 1967? No lo sabemos. Ahí es cuando entra la parte de la negligencia y la corrupción, y en ese sentido no se puede tapar el sol con un dedo».
Esta preocupación técnica se alinea con los testimonios de los rescatistas en el terreno. Miembros de delegaciones internacionales de asistencia manifestaron su sorpresa ante la precariedad de los materiales hallados en estructuras multifamiliares colapsadas. Bajo condición de anonimato, uno de los rescatistas denunció haber encontrado pilares completamente desprovistos de acero (fierros) en su interior y vigas construidas con poliestireno expandido (material ligero) cubiertas apenas por una delgada capa de hormigón que se desmoronaba al tacto.
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