La muerte de Víctor Hugo Quero Navas bajo custodia del Estado no fue la última tragedia para su familia. Después de conocer la noticia, Carmen Teresa Navas, de 81 años, comenzó a deteriorarse física y emocionalmente hasta morir. Esta es la historia de una madre consumida por la tristeza y el dolor que deja una muerte que conllevó a otra.
Según organizaciones de derechos humanos y reportes de prensa, Víctor Hugo Quero Navas fue detenido el 3 de enero de 2025 en los alrededores de Plaza Caracas.
Diversas versiones indican que funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) lo interceptaron y que posteriormente fue recluido en el Rodeo I.
De acuerdo con información divulgada por Foro Penal y medios venezolanos, las autoridades lo acusaban de delitos graves como terrorismo, asociación para delinquir, conspiración con gobiernos extranjeros y tráfico de armas.
Sin embargo, el Foro Penal también afirmó que el “motivo aparente” de su detención podía estar relacionado con un supuesto pasado militar o con sospechas derivadas de su apariencia física, ya que algunos funcionarios lo describían como una persona “con características extranjeras”.
Desde ese día comenzó el calvario de la familia Navas, específicamente para su madre, que durante más de un año recorrió cárceles, hospitales, morgues y oficinas públicas preguntando por su hijo y pidiendo una fe de vida.
Carmen Teresa Navas era una madre venezolana de 81 años con una fotografía siempre entre sus manos y un par de zapatos ya gastados de tanto buscar a su hijo. Nadie le daba respuestas claras. A veces le decían que Víctor Hugo Quero Navas estaba en El Rodeo, otras veces aseguraban no saber dónde estaba. Mientras ella insistía, el Estado ya sabía algo que nunca le dijo: su hijo había muerto bajo custodia meses atrás.

La confirmación llegó tarde. Demasiado tarde. El Ministerio de Servicios Penitenciarios reconoció públicamente, en mayo de 2026, que Víctor Hugo Quero Navas había fallecido el 24 de julio de 2025.
La noticia provocó indignación nacional no solo por su muerte, sino porque su madre pasó cerca de 16 meses buscándolo sin saber que llevaba casi un año enterrado.
Las mismas personas que detuvieron a su hijo y que le ocultaron la verdad por tanto tiempo, fueron las mismas que más de un año después la acompañaron a ver el cuerpo de Víctor Hugo Quero Navas, a quien encontró enterrado en una fosa común con una identificación precaria dentro del cementerio del área metropolitana de Caracas.
El entierro habría ocurrido de forma administrativa y sin notificación previa a la familia, meses antes de que el Estado reconociera la muerte.
Tras esa confirmación, las autoridades ordenaron la exhumación del cadáver para su reconocimiento por parte de la familia, en un procedimiento judicial y forense, y fue en ese contexto de exhumación donde Carmen Teresa Navas pudo ver y reconocer el cuerpo de su hijo.
Quienes acompañaron a Carmen durante esos días recuerdan que algo cambió definitivamente en ella después de conocer la verdad. La esperanza que parecía mantenerla viva mientras buscaba a su hijo desapareció de golpe. Comenzó a deteriorarse física y emocionalmente…
A tan solo nueve días de enterrar a su hijo, Carmen Teresa murió
Hasta ahora no se ha publicado una causa médica formal y detallada de su muerte en términos de certificado clínico completo, pero para quienes estuvieron cerca de ella, la explicación parecía evidente: Carmen Teresa Navas no logró sobrevivir al duelo, los medios reportan que su fallecimiento ocurrió poco después de conocer la confirmación oficial de la muerte de su hijo, tras un periodo de deterioro físico y emocional.
En varios reportes se indica que había sido hospitalizada recientemente antes de morir, pero sin diagnóstico público específico divulgado por autoridades sanitarias.
La periodista Maryorin Méndez, una de las que cubrió su caso y acompañó a Carmen Navas en sus últimos momentos de vida aseguró en una entrevista que “los últimos días de la señora Carmen Navas fueron de mucho dolor”.
La explicación médica que se maneja en la cobertura periodística no es oficial en su caso, sino interpretativa: el impacto emocional extremo del duelo. Medios como Infobae, El País y agencias internacionales han descrito la muerte de Carmen como un posible caso de “corazón roto” en sentido clínico.
El síndrome del corazón roto, conocido en medicina como Síndrome de Takotsubo, es una cardiomiopatía inducida por estrés que puede desencadenarse tras eventos emocionales extremos como la pérdida de un hijo.
Aunque no existe un informe médico público que confirme esta condición en el caso de Carmen Teresa Navas, la literatura clínica de instituciones como la American Heart Association, la Mayo Clinic y la Cleveland Clinic describe patrones compatibles con lo ocurrido: un deterioro rápido tras un shock emocional profundo en una persona de edad avanzada.
Pero la historia de Carmen Teresa Navas trasciende lo clínico. Su rostro se convirtió en un símbolo de las madres venezolanas que buscan respuestas sobre familiares detenidos o desaparecidos. Incluso después de conocer la muerte de su hijo, Carmen Teresa continuó exigiendo recuperar sus restos y despedirlo dignamente.
En una de sus últimas apariciones públicas, durante una ceremonia religiosa en Caracas, apenas pudo contener el llanto. “Que Dios me dé fuerza”, dijo frente al ataúd. Pero su cuerpo solo resistió unos pocos días.
Su funeral terminó convirtiéndose también en una protesta. Familiares, activistas y ciudadanos llevaron flores y pancartas para despedir no solo a una madre, sino a una mujer que transformó el dolor en denuncia.
El Cardenal Baltazar Porras en la nota de duelo que publicó en su cuenta de X describió el hecho como “el desenlace más desgarrador e injusto de los últimos tiempos en nuestro país”.
De igual manera el psicólogo venezolano Alberto Barradas, expresó en una publicación en su cuenta de Instagram que: “A Carmen Teresa Navas la dictadura no le quitó la vida con un disparo, acabó con ella en 16 meses de tortura psicológica sostenida, y eso es quitarle la vida a una persona”.
En redes sociales, cientos de venezolanos hablaron de una mujer “rota por dentro”, de una madre que “murió cuando supo la verdad”.
En foros y comunidades digitales, muchos coincidían en la misma idea: Carmen Teresa Navas había vivido durante meses sostenida por la esperanza de volver a ver a su hijo, pero cuando esa esperanza desapareció, su cuerpo comenzó a apagarse.
Hoy, el caso de Carmen Teresa Navas permanece como una herida abierta. La historia de una madre anciana que buscó a su hijo hasta el final y cuyo corazón no resistió el peso de la pérdida.
Hacer memoria y mantener viva su causa es un compromiso moral y un intento más de hacer justicia y de continuar con su lucha, además de ser una expresión absoluta de resistencia a la continuidad de las torturas y las muertes bajo custodia en el país.
La crueldad del régimen no terminó con Víctor: el dolor también se llevó a su madre.
Queda prohibido olvidar sus nombres. Paz a sus almas.
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