El 11 de septiembre de 2001, el grupo terrorista Al-Qaeda ejecutó una serie de ataques coordinados en Estados Unidos que culminaron con el colapso de las Torres Gemelas en Nueva York y se cobraron la vida de 2.996 personas. A 25 años del trágico evento, el impacto de los 149 minutos que duró el secuestro y despliegue de los cuatro aviones no solo redefinió la memoria colectiva del pueblo estadounidense, sino que transformó de raíz la política exterior, diplomática y militar de la nación.
Tras el 11-S, Al-Qaeda expandió su radio de acción con atentados en África, Asia y Europa, pero el golpe a la infraestructura neoyorquina alteró de forma permanente la percepción de vulnerabilidad en el hemisferio.
Un nuevo paradigma: De la guerra convencional a las amenazas híbridas
La doctora Estefanía Cruz Lera, investigadora del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señala que los atentados alteraron por completo el concepto de seguridad nacional al acelerar el surgimiento de las llamadas amenazas híbridas.
«Todo el paradigma de seguridad cambió en Estados Unidos a partir de los atentados del 11 de septiembre. Se empezó a intensificar algo que hoy vemos más que nunca: las amenazas híbridas«, explica la especialista.
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Este concepto implica que los conflictos bélicos dejaron de librarse de forma exclusiva entre Estados soberanos para dirigirse contra células descentralizadas y actores no estatales: grupos terroristas, facciones radicales, movimientos antigubernamentales y, de manera creciente, organizaciones del crimen organizado.
Esta doctrina se proyecta en la agenda actual de Washington. La administración estadounidense ha intensificado la ofensiva contra los cárteles de la droga a escala global al clasificarlos como amenazas directas a la seguridad hemisférica.
Un ejemplo reciente ocurrió este 9 de septiembre, cuando el secretario Marco Rubio designó al grupo delictivo ecuatoriano «Los Tiguerones» como Organización Terrorista Extranjera (FTO) debido a sus nexos con el narcotráfico. Durante su visita a Quito, el funcionario amalgamó a ciertos grupos de izquierda con redes delictivas, evidencia de cómo Washington ha expandido su definición operativa de «amenaza».
Paralelamente, el refuerzo de la seguridad trascendió los controles aeroportuarios para abarcar la ciberseguridad, el desarrollo de escudos antimisiles y la creación de alianzas regionales. Un caso de esto es la iniciativa Escudo de las Américas, orientada a frenar ataques de grupos criminales contra la infraestructura y la población civil.
A nivel institucional, la especialista destaca una transformación profunda en el equilibrio de poderes: el Poder Ejecutivo estadounidense asumió facultades extraordinarias para emprender «guerras preventivas» y operaciones militares puntuales sin la necesidad de someterlas a la aprobación previa del Senado, alterando la dinámica constitucional tradicional.
La estigmatización del mundo musulmán: un impacto social persistente
Más allá del ámbito militar e institucional, el 11-S dejó una huella social caracterizada por el incremento de la xenofobia y la estigmatización de la población musulmana en territorio estadounidense.
Según datos recientes de una encuesta realizada por el Pew Research Center, el 42 % de los adultos en Estados Unidos considera que los musulmanes estadounidenses tienen un impacto negativo en el país. Asimismo, el 51 % sostiene que el islam incita a la violencia en mayor medida que otras religiones—una cifra sustancialmente mayor al 25 % registrado en marzo de 2002, a pocos meses de los ataques.
Muchos de los encuestados citan explícitamente los sucesos de las Torres Gemelas como la base de su desconfianza y admiten mantener el temor a un nuevo ataque de escala similar.
Como concluye la doctora Cruz Lera, el 11 de septiembre marcó un punto de no retorno: «A inicios del milenio se pensaba que transitaríamos hacia un paradigma de mayor colaboración internacional, donde la competencia se daría en el plano económico y la hegemonía no dependería del poderío militar. Los atentados del 11 de septiembre cambiaron esa trayectoria para siempre«.
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