Venezuela ostenta la novena reserva de agua dulce más grande del planeta, solo superada por gigantes como Brasil, Rusia, Canadá, China, Indonesia, Estados Unidos, Bangladesh e India. Sus 916.445 kilómetros cuadrados están surcados por cerca de mil ríos e importantes acuíferos subterráneos que generan una oferta hídrica de 93 millones de metros cúbicos anuales. Sin embargo, esta abundancia natural contrasta drásticamente con una realidad devastadora: el 81% de los hogares venezolanos carece de un suministro diario y continuo de agua potable.
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La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2025 —presentada por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) tras consultar a 11.352 hogares entre marzo y junio de 2025— expone la brecha del servicio. Aunque el 78% de las viviendas cuenta con conexión formal a la red de tuberías, solo el 19% de la población disfruta de agua corriente continua todos los días.
El resto enfrenta un esquema de racionamiento severo e intermitente:
- 10% recibe agua a diario, pero con interrupciones.
- 60% la obtiene solo unos pocos días a la semana.
- 11% cuenta con servicio apenas una vez por semana.
- 22% no posee conexión a la red de acueductos y depende exclusivamente de cisternas, pozos, agua de lluvia u otras fuentes de alto riesgo sanitario.
Infraestructura en ruinas, no sequía
La crisis no obedece a factores climáticos, sino al abandono sistemático de la infraestructura. Hacia el año 2000, los sistemas nacionales de potabilización y distribución alcanzaban una capacidad de 160.000 litros por segundo. Hoy apenas bombean 55.000 litros por segundo: una contracción del 65,6% en la capacidad operativa. Este deterioro responde a la falta de mantenimiento e inversión estratégica.
De acuerdo con informes de la organización Monitor Ciudad, solo se ejecutó el 34,2% de los 6.426 millones de dólares aprobados entre 2002 y 2015 para la empresa estatal Hidrocapital. “En la práctica, el 70% de los recursos presupuestados se perdieron”, explica Jesús Armas, director de la organización.
El desgaste se refleja en todos los indicadores del sistema:
| Indicador Operativo | Desplome / Pérdida |
| Agua distribuida | Caída del 85,7% |
| Capacidad en plantas potabilizadoras | Déficit del 99,3% |
| Recolección de aguas servidas | Caída del 74,0% |
| Tratamiento de aguas residuales | Solo se procesa el 28,0% |
| Pérdida por fugas (Non-Revenue Water) | 62,0% (frente al 42,0% promedio en Latam) |
Sistemas vitales como el Acueducto Regional del Centro y los acueductos Tuy I, II y III operan a menos del 50% de su capacidad. El Tuy III —responsable de abastecer a más del 55% de la población del área metropolitana de Caracas— sufre paradas frecuentes y fallas eléctricas que dejan sin servicio a decenas de parroquias durante semanas.
El negocio del agua en una economía dolarizada
Frente a la inoperatividad pública, el agua se ha transformado en un producto de lujo comercializado en divisas. Llenar un camión cisterna estándar cuesta entre 24 y 36 veces el salario mínimo mensual (fijado en unos 0,17 dólares).
Los fletes a zonas de difícil acceso añaden recargos de 20 a 30 dólares, mientras que las entregas nocturnas o de emergencia elevan los costos a montos inalcanzables para la mayoría.
Las fallas en la red son transversales y no discriminan clase social. La búsqueda de agua potable se ha convertido en una carga cotidiana que erosiona la calidad de vida de ocho de cada diez venezolanos.
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